Rafael Bisquerra: “El analfabetismo emocional está muy presente en las organizaciones”


Rafael Bisquerra es catedrático de Orientación Psicopedagógica en la Universidad de Barcelona y director del postgrado de Educación Emocional y Bienestar, y de Inteligencia Emocional en las Organizaciones. Es autor de publicaciones como Psicopedagogía de las emociones; Educación emocional y bienestar; Cuestiones sobre bienestar; Orientación, tutoría y educación emocional; La educación emocional en la práctica; Educación emocional: propuestas para educadores y familias; Universo de Emociones, etc. Guarda una especial y estrecha vinculación con Eduardo Punset con quien ha colaborado en Universo de Emociones.

-¿Cómo está a su juicio España a nivel emocional?

R: Comparándolo con el resto del mundo podríamos decir que normal tirando a bien, en el sentido que hay todavía pocos países que se ocupan de estos temas. Podríamos decir que en este sentido estamos entre los más sensibilizados. Pero con mucho trabajo por hacer.

-¿Cree que cada vez nos cuesta más mostrar nuestros propios sentimientos? ¿Adolecemos de un analfabetismo emocional?

R: El analfabetismo emocional está bastante presente en las organizaciones, las familias y la sociedad en general. Es en este sentido que hay mucho trabajo por hacer para mejorarlo. Pero creo que hoy en día hay más predisposición a mostrar los sentimientos que décadas atrás.

-¿Se considera un maestro del corazón?

R: Es una forma simbólica o metafórica de decirlo. Me gustaría serlo. Uno de los libros en los que he participado lleva este título y me gusta. Pero hay que tener en cuenta que las emociones residen en el cerebro. La actividad del corazón es el resultado de las instrucciones que le da el cerebro en función de las emociones que experimentamos. Por esto me gustaría ser un maestro para desarrollar corazones inteligentes.

-¿Qué son las competencias emocionales? ¿Cómo podemos potenciarlas?

R: Las competencias emocionales son las capacidades, actitudes, valores y comportamientos relacionados con la gestión apropiada de las emociones. Constituyen un conjunto de elementos entre los que se encuentran: conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencias socio-emocionales, habilidades de vida para el bienestar, control de la impulsividad, autoestima, tolerancia a la frustración, resiliencia, asertividad, empatía, etc. En el libro Psicopedagogía de las emociones se trata este tema con cierta extensión, donde se presenta el marco de la educación emocional que es la forma de potenciarlas. Esto requiere formación, conciencia, práctica y entrenamiento.

-¿Considera que las consecuencias de la actual crisis contribuyen a tener emociones tóxicas que entorpecen nuestro crecimiento personal? ¿cómo podemos solucionar esto?

R: Sin duda. En los últimos años, desde la crisis, han aumentado los porcentajes de ansiedad, estrés, depresión, suicidios, consumo de ansiolíticos, etc. La educación emocional y el desarrollo de competencias emocionales puede contribuir significativamente a prevenir este problema.

-¿Qué es la autonomía emocional?

R: La autonomía emocional es la capacidad para gestionar las propias emociones sin vernos seriamente afectados por elementos externos (eventos, personas, circunstancias). Es un difícil equilibrio entre la dependencia emocional y la desvinculación. Se ha observado que muchas mujeres víctimas de violencia de género sufren dependencia emocional. El extremo contrario es la desvinculación. Se trata de poder mantener vínculos afectivos saludables desde la autonomía y autoestima, con autoconfianza y automotivación. Todo esto es la autonomía emocional.

-¿Cree que la educación emocional se debería de impartir no sólo en la universidad sino también en estudios infantil y primarios?

R: La educación emocional debería empezar en la familia desde los primeros momentos de vida. Esto significa formar a padres y madres para poderlo hacer de forma efectiva. Debería continuar a través de la educación infantil, primaria y secundaria y a lo largo de toda la vida. La educación emocional adopta un enfoque del ciclo vital: durante toda la vida ha y momentos en que se viven emociones y circunstancias que hay que gestionar de forma apropiada: desempleo, ruptura de pareja, conflictos, despido del trabajo, enfermedades, jubilación, etc. Por esto es importante desarrollar la inteligencia emocional en las organizaciones.

-¿La capacidad emocional es una forma de ser más competente también a nivel laboral?

R: La competencia emocional tiene efectos en la prevención y gestión positiva de conflictos, la prevención de bajas laborales de carácter psicosocial, la creación de equipos de alto rendimiento con inteligencia emocional, etc. Por lo tanto tiene grandes efectos en la vida laboral, tanto a nivel personal como organizativo. Esto nos motivó a crear el Postgrado en Inteligencia Emocional en las Organizaciones.

-¿Cuáles son los sectores que actualmente precisan más de una formación en inteligencia emocional y por qué?

R: Destacaría tres sectores: educativo, sanitario y organizacional. Los primeros destinatarios de la educación emocional debería ser el profesorado de todos los niveles educativos. En primer lugar porque lo necesita en su práctica educativa. En segundo lugar para contribuir al desarrollo de competencias emocionales en el alumnado. En el sector sanitario tenemos que si los profesionales de la salud se relaciones con los pacientes con sensibilidad emocional, y no como objetos sobre los cuales hay que aplicar una técnica, ayudaría a un mayor bienestar de los pacientes. Además, las emociones positivas contribuyen a la mejora y las negativas la dificultan. Por estas y muchas otras razones, los profesionales de la salud deberían estar formados en sensibilidad y competencias emocionales. Por extensión, la mayoría de profesionales de todo tipo de organizaciones también necesitan competencias emocionales. Pensemos que la mayoría de las bajas laborales son de carácter psicosocial y por lo tanto, emocional. Por otra parte, el tiempo que un empleado está en su lugar de trabajo depende de las relaciones emocionales que mantiene con su superior.

– ¿Los entornos laborales actuales gozan de salud emocional?

R: Depende de caso. No se pude generalizar. Pero hay claras evidencias en que las relaciones entre superiores y subordinados muchas veces se rigen mucho más por el analfabetismo emocional que crea malestar que por la inteligencia emocional y la construcción del bienestar personal y social.

-¿Qué papel ocupan actualmente las Nuevas Tecnologías, en concreto las redes sociales, en esas expectativas por relacionarnos cada vez más y alcanzar el bienestar?

R: La nuevas tecnologías son una innovación y mejora importante que hay que aprender a utilizar. El problema son los efectos colaterales: dependencia del móvil, adicción a pantallas, obsesión tecnológica, etc. Las tecnologías pueden proporcionar la sensación de una armadura que nos hace inviolables ante los demás. Hay personas que son capaces de relacionarse desde la pantalla del ordenador, pero son incapaces de mantener vínculos afectivos profundos y saludables.

-¿Considera que en nuestra sociedad hay un exceso de lenguaje, pero una falta de comunicación real entre personas?

R: No creo que haya un exceso de lenguaje si se utiliza bien. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a hablar de cosas externas. Muchas personas no saben comunicar sus sentimientos, sus estados emocionales, crear climas emocionales saludables, hablar de sí mismos desde el punto de vista emocional, etc.

-La ansiedad, la ira, el estrés, la indignación, tan comunes en nuestra sociedad actual ¿cómo se pueden regular?

R: No es fácil. Requiere formación, práctica y entrenamiento. Algunos recursos en este sentido son: conciencia y regulación emocional, análisis de creencias erróneas, reestructuración cognitiva, asertividad, relajación, respiración, meditación, mindfulness, flourishing, savoring, pasar de la indignación con impaciencia que predispone a la violencia a la indignación ante la injusticia con paciencia que predispone al diálogo y a la justicia, etc.

-Por último, ¿Qué es la felicidad y cómo podemos conseguir obtener una vida saludable?

R: La felicidad en gran medida coincide con el bienestar emocional: la experiencia de emociones positivas (paz interior, tranquilidad, fluir, gozo, amor, emociones estéticas). Los estilos de vida saludables incluyen alimentación sana, actividad física (si es posible a diario), respirar aire en contextos ecológicos (evitar la contaminación del humo y otras sustancias) y sana gestión de las emociones para construir el bienestar emocional. Todo esto no nos viene dado. Hay que construirlo con esfuerzo. La educación emocional tiene como objetivo el desarrollo de competencias que faciliten todo esto.

Imagen: https://silviagelices.wordpress.com/

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