‘Golf directivo’. De Miguel Ángel Díaz y Rafael Alonso



Golf directivo. Lecciones de golf para crecer y desarrollarte como líder
(Editorial Kolima), de Miguel Ángel Díaz y Rafael Alonso, es un libro novelado que con un paralelismo entre este deporte y el mundo de la empresa, nos guían por las diferentes facetas que son claves en el liderazgo empresarial: lecciones de autoconocimiento, humildad, toma de decisiones, gestión de expectativas, estrategia, habilidades y juego mental. Miguel Ángel Díaz, coautor del libro, explica su contenido en esta entrevista.

– ¿Cómo surge la idea de escribir sobre golf y liderazgo?

– Desde hace muchos años, los formadores hemos vinculado el mundo del deporte al de las organizaciones y hemos descubierto en él, multitud de habilidades y valores que también se encuentran presentes en el día a día de las compañías, de los directivos y empleados.

Es sencillo encontrar en la práctica deportiva ejemplos de equipos de alto rendimiento y poder estudiar sus características, aquellos aspectos que les hacen triunfar o que les hacen fracasar.

En este caso concreto, a partir de una formación outdoor que diseñamos hace unos años donde desarrollábamos habilidades directivas en un campo de golf, surgió la idea de plasmar todo lo que trabajábamos en esa acción formativa en una historia en la que pudiéramos explicar los enormes paralelismos que existen entre ambos mundos y así poder, de una manera amena y entretenida, trasladar todo el conocimiento que nos han aportado las múltiples ediciones que hemos realizado de esta formación.

– ¿Se puede parecer un deporte eminentemente individual a la función directiva o al ejercicio del liderazgo?

– Los dos son procesos donde nos vamos encontrando con multitud de obstáculos que debemos de resolver con inmediatez, aprendiendo a leer cada situación y escogiendo la mejor alternativa posible.

Para tener éxito en ambos campos es necesario desarrollar unas habilidades similares, por ejemplo, la responsabilidad individual es fundamental. Tanto en la función directiva como en el campo de golf, nos encontramos solos ante nuestras decisiones y la mayoría de las veces no podemos consultar a nadie o pedir consejo. Somos totalmente responsables de lo que ocurre diariamente, de nuestro progreso, de nuestro desarrollo y de nuestros resultados, por eso es tan importante este concepto.

Por otro lado, tanto el golf como la función directiva son caminos sin límite, no tienen una línea final que una vez cruzada ya no existe margen de mejora. Del mismo modo que un golfista lucha contra el par del campo (número de golpes en el que debe de realizar el recorrido) y puede superarlo, en la función directiva tenemos múltiples situaciones que nunca nos las vamos a acabar. Nunca podemos decir que ya tenemos a nuestro equipo suficientemente motivado, que ya hemos mejorado el clima de nuestro departamento todo lo que podíamos, que ya hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano para desarrollar las habilidades de nuestros colaboradores.

Hay muchísimas habilidades que son necesarias en el campo de golf que tienen un valor incalculable en las organizaciones: pensamiento estratégico, visión, flexibilidad, sentido práctico, decisión, etc.

– ¿Es necesario saber de golf para entender el libro?

– Ni mucho menos, el golf es simplemente uno de los dos escenarios principales en los que está ambientada la historia, el otro es un entorno empresarial como el que podemos encontrarnos en cualquier empresa de nuestro alrededor.

En este libro se relata la historia de Alberto Antúnez, el Director General de un grupo de empresas familiares, que se va encontrando con una serie de problemas organizativos, algunos de ellos derivados de prácticas muy poco saludables, y que curiosamente, va encontrando solución a los mismos mientras juega a golf con un viejo caddie escocés, el cual le va enseñando muchas cosas sobre este deporte y Alberto se da cuenta de que esos aprendizajes pueden ser aplicados para resolver la compleja situación en la que se encuentra una de sus empresas.

Miguel Ángel Díaz, coautor del libro.
Miguel Ángel Díaz, coautor del libro.

– ¿Cuáles son algunos de esos paralelismos?

– En ambos escenarios, una vez alcanzado cierto nivel técnico (conocimientos y destreza), lo que marca la diferencia entre un buen jugador o directivo y el resto es la mente. Sus creencias, sus valores, como gestiona sus emociones, todos estos aspectos van a impactar directamente en sus resultados y en el ambiente del equipo.

En ambos mundos es tremendamente importante la humildad, en el golf cuando crees que lo sabes todo, que eres muy bueno, un día el campo te pone en tu sitio y te recuerda que no sabes nada. En las compañías, en la mayoría de las ocasiones es esa falta de humildad la que hace que se degrade el clima con tu equipo, que se separen de ti, que no rindan todo lo que son capaces de dar. Muchos directivos deben de ser conscientes de que aunque en el organigrama aparezcan por encima de sus equipos, realmente se encuentran por debajo de ellos, porque dependen de ellos y de los resultados que estos consigan.

– ¿En que se parece el golf a las organizaciones saludables?

– Igual que en algunas organizaciones hay líderes tóxicos, en los campos de golf, también hay golfistas tóxicos, gente que no conoce la ética y para la cual cualquier conducta es adecuada con tal de ganar, incluso he llegado a ver gente que se hace trampas a ellos mismo cuando juegan solos.

Jugadores que se quejan, que echan la culpa de sus resultados a los palos, a la hierba, a la mala suerte. Son personas con las que casi nadie quiere jugar, porque les enturbian el clima de una mañana de domingo, no les dejan disfrutar de este deporte.

Algo muy parecido a lo que ocurre en muchas organizaciones con los líderes o empleados que enturbian el clima de trabajo, que afectan a la productividad de sus equipos y a la suya propia, y que carecen de la humildad necesaria para ser conscientes del problema y de la valentía para afrontarlo, cambiar y convertirse en buenos empleados y buenas personas.

– ¿Influye la inteligencia emocional en la práctica del golf?

– Pues se parecen en muchas cosas, del mismo modo que nuestras emociones nos afectan en los entornos organizativos, también lo hacen en la práctica del golf.

En ambos mundos nuestra percepción se ve alterada por nuestro estado emocional. Generamos círculos viciosos o virtuosos casi sin darnos cuenta. En el mundo del golf hay días donde te sale todo, no sabes como pero casi sin esfuerzo golpeas la bola como nunca lo habías hecho antes y sin embargo, hay otros donde todo sale mal, donde parece que se te ha olvidado lo más básico, que somos incapaces de hacer lo más básico. En las compañías también ocurre lo mismo, hay épocas donde parece que los problemas se agolpan, que nada sale bien, incluso si ocurre alguna pequeña alegría, rápidamente nos damos cuenta de lo que puede tener de negativo.

Nuestros estados emocionales son a su vez retroalimentados por nuestro dialogo interno. Este es uno de los factores fundamentales del éxito tanto en la práctica deportiva como empresarial, una correcta gestión de aquello que nos decimos internamente, que nos hace tener un desempeño extraordinario y libera nuestro potencial o por el contrario, lo limita y lo mengua.

Es muy difícil jugar bien desde el miedo, el enfado o la alegría desmedida, del mismo modo que hemos de tomar nuestras precauciones cuando tomamos decisiones empresariales desde determinados estados emocionales. Pero para poder regularlos, primero debemos de detectarlos, y es aquí donde la inteligencia emocional puede ayudar mucho.

– ¿Qué puede aportar este libro a los directivos que lo lean?

– Lo primero es que van a identificarse con la historia y con los problemas que en ella se relatan, porque están extraídos de la vida cotidiana de las organizaciones. Les puede aportar una nueva visión sobre esas situaciones puesto que, al contemplarlas también en un contexto diferente, en este caso el deporte del golf, les va a permitir que contemplen los problemas de una determinada manera y esto puede ayudarles a ampliar el foco de su percepción para analizar su realidad diaria. Usar el golf como metáfora les puede focalizar sobre aquellas habilidades que son necesarias para desempeñar adecuadamente sus funciones, reflexionar sobre su importancia y su actual nivel de desarrollo, permitiéndoles que tomen decisiones para poder desarrollarlas e incluso diseñar alguna acción que les encamine a ello.

– ¿Y a los jugadores de golf?

– Y a los jugadores de golf lo que les puede aportar es un análisis pormenorizado de las habilidades que son necesarias para desarrollar con cierta destreza esta práctica deportiva, descubrir la multitud de valores que este deporte puede aportar a las organizaciones y sobre todo, disfrutar de una historia de rabiosa actualidad ambientada en su deporte favorito, que no hay muchas en el mercado.

Previous Responsables de RRHH de grandes empresas consideran que la conciliación aumenta el compromiso
Next Directivos de grandes compañías reflexionarán sobre la "nueva normalidad" en el congreso de Aedipe

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *