Aunque para muchos la industria de los videojuegos sigue quedando por debajo de su radar, no se puede obviar que es uno de los sectores con mayor crecimiento y que mayor relevancia tendrá en los próximos 10 años. Siendo un sector tan joven, sorprende que no sólo se repitan algunas malas conductas en materia de salud psicosocial de las industrias tradicionales, sino que también las empeoren.

Con el cierre del estudio Telltale y la salida del juego Red Dead Redemption 2 el término crunch se está haciendo tristemente famoso. Para quién no esté familiarizado con la industria, crunch hace referencia a la necesidad por parte de la empresa de que todos sus trabajadores hagan 100 horas semanales con el fin de poder llegar a la fecha de lanzamiento a tiempo. No perdamos de vista que, tras este anglicismo de lo que estamos hablando es de “explotación laboral

Aunque en un principio, el término “hacer un crunch” hacía referencia a trabajar uno o dos días  horas extra, ya hay denuncias por parte de trabajadores de que “el crunch” se está extendiendo a un mes de trabajo continuo o incluso más. El estrés, el agotamiento y la depresión son enfermedades comunes entre quienes se tienen que enfrentar a estas jornadas maratonianas pero también se produce el aislamiento social, la destrucción de la estructura familiar y los trabajadores caen con demasiada frecuencia en trastornos conductuales como la drogadicción y el tabaquismo o el alcoholismo.

Las empresas por supuesto dicen que el crunch es voluntario, pero los trabajadores coinciden que sobre ellos siempre pende la espada de Damocles con expresiones como “si no quieres hacer este esfuerzo, en la puerta tenemos a decenas de programadores que quieren hacer tu trabajo”. ¿Está justificado llevar al extremo a los trabajadores con tal que un juego salga en la fecha anunciada?

Que los títulos se retrasen en ocasiones viene dado por los cálculos demasiados optimistas de los directivos con las fechas de lanzamiento. En otras ocasiones, son producidos por fallos sistémicos de organización que van retrasando los juegos. Debemos preguntarnos si la solución para estos errores pasa por quemar de esta forma a sus colaboradores pues estamos hablando de un sector donde la innovación y la creatividad son fundamentes.

Por suerte el panorama empieza a cambiar, no sólo los trabajadores empiezan en denunciar este tipo de casos sino también los jugadores cada vez ven con peores ojos que los títulos que hayan sido lanzados bajo condiciones extremas de crunch y se promueven boicots y acciones de protesta en redes sociales. Si algo tiene la industria del videojuego es cintura y capacidad de reacción y si tratar a si a los trabajadores deja de ser popular, a buen seguro que el crunch desaparecerá.

 

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