Hace unos meses estuve realizando un programa formativo, en el que tuve la oportunidad de desarrollar un proyecto final de investigación, que me hacía mucha ilusión: La Gestión de Nuestras Emociones.  El tema que elegí para ese trabajo, siempre ha sido un tema apasionante para mí, porque desde siempre las emociones han sido la faceta humana que me ha parecido más fascinante. De hecho, ya desde muy pronto, cuando era una adolescente, me encantaba observar como las personas lloraban, reían, se divertían, sentían pena, alegría, etc.

En la introducción de este proyecto, hablaba de que las personas somos pura emoción, estamos hechos de pedacitos de distintas emociones, que dan sentido a todas las experiencias que vamos sintiendo, según avanza nuestras vidas. Podríamos decir que sentir emociones  es una característica exclusiva del ser humano, de las personas, y está vinculada con lo más profundo de nuestra condición: los sentimientos.

Gracias a ellos somos capaces de vivir la vida con intensidad y pasión. Por eso reímos, amamos, nos divertimos, disfrutamos, también sentimos tristeza en algunos momentos, o nostalgia por lo que tuvimos y no tenemos, o ira porque  las cosas no salen como nos gustaría.

Con este afán que tenemos por colgar etiquetas a todo en nuestra vida, también lo solemos hacer, como no, con las emociones, considerando que unas son positivas y otras negativas. Pero las emociones en sí, ni son buenas, ni malas, ni hay que rehuir de ellas. Las unas no existirían si no existieran las otras. De lo que se trata es de sentirlas,  vivirlas,  estudiarlas,   comprenderlas y gestionarlas de la forma más adecuada, para alcanzar el disfrute pleno de nuestra vida.

Conocer  las emociones y  sentimientos nos ayuda a  encauzarlos adecuadamente y  así, sentir la vida con todo su potencial y con toda su plenitud, sin detrimento de ninguna de sus capacidades. En definitiva, sentir es un privilegio y aprender a expresar nuestras emociones nos ayudará a acercarnos a nuestro bienestar.

Hasta aquí, todo lo que hemos hablado es de nuestro interior, de lo que pasa dentro de nosotros, pero haciendo mención al título de este artículo, haciendo mención a esos alfileres, me gustaría poner el foco precisamente en los factores externos que nos rodean, que son muchos, y que nos afectan tanto en nuestras vidas, ya que tienen un peso muy importante e inciden de forma significativa en nuestra forma de vivir día a día.

Debemos ser muy conscientes que a veces, lo que nos encontramos fuera, son situaciones de adversidad, competitividad, lucha, incertidumbre, conflictos, fracasos, disgustos, etc., en definitiva situaciones que no elegimos, pero que están ahí y forman parte de nuestras vidas.

Todos estos elementos que van a apareciendo de alguna u otra forma a lo largo de nuestras vidas, no podemos controlarlos, ni hacer que desaparezcan.  Y por mucho que nos esforcemos en que no formen parte de nuestra realidad, lo único que vamos a conseguir es provocar un conflicto emocional.

Pero independientemente de cómo sea la situación que la vida nos presenta,  es clave, la aparición de pensamientos que nos ayuden a buscar soluciones a lo que estamos viviendo. De esta manera nos sentiremos mejor, al confiar en que vamos a superar esa barrera y que hay una parte que si depende de nosotros mismos.

Desarrollemos la capacidad de no dejarnos llevar por los ruidos e interferencias que la vida nos presenta, de esta forma conseguiremos aceptar y reconocer tal y como se presenta nuestra propia vida. Pongamos nuestro foco en promover acciones que prevengan la aparición de esas dolencias  emocionales, y que nos hagan sentirnos mejor con nosotros mismos.

En definitiva, la actitud con la que afrontamos nuestra vida y una correcta gestión emocional, hace que vivamos cada cosa cuando toca, que no nos engañemos a nosotros mismos en la percepción de la vida, que aprovechemos los buenos momentos y que tengamos presente la impermanencia de la vida aprovechando cada instante como lo que es, único  e irrepetible.