Un 69% de los jóvenes con discapacidad aún no ha tenido su primer empleo


Un 69% de los menores de 25 años con discapacidad no ha tenido ningún contacto con el empleo según el informe El reto de la integración del joven con discapacidad realizado por la Fundación Adecco y Terminales Canarios.

Fundacio?n-Adecco“Parece que las personas con discapacidad tardan más en incorporarse al mercado laboral, ya que un 69% de los menores de 25 años con discapacidad no ha tenido ningún contacto con el empleo, cifra que disminuye hasta el 48% en los jóvenes entre 26 y 30 años”, señalan Fundación Adecco y Terminales Canarios en un comunicado.

“Entre las razones de este desfase encontramos prejuicios asentados en el seno empresarial y otras causas como la sobreprotección familiar”, apuntan.

Del mismo modo, las personas con discapacidad tardan más en independizarse: mientras que el 46,8% de los jóvenes entre 25 y 30 años ya está emancipado, la cifra desciende al 36% en los que tienen discapacidad.

Las personas con discapacidad continúan infrarrepresentadas en la comunidad universitaria (1,1%), fundamentalmente debido a barreras. Probablemente por este motivo, 4 de cada 10 decide estudiar a distancia.

Centrándonos en los que tienen empleo, destaca que un 68% tiene una ocupación no relacionada con su formación. La mayoría (55%) trabaja a media jornada y el salario predominante ronda los 6.000 euros al año.

Joven con discapacidad, ¿doble discriminación?

Si todos los jóvenes encuentran barreras en su integración laboral, aquéllos que tienen discapacidad resultan ser fichas aún más débiles en el tablero de la crisis. A las dificultades derivadas de su inexperiencia laboral, hay que añadir prejuicios y estereotipos. Nos encontramos con dos tipos de barreras:

Exógenas. Están fuera de la persona con discapacidad, asentadas en la sociedad. Se trata de estereotipos, prejuicios de algunas empresas que mantienen la creencia errónea de que los trabajadores con discapacidad van a requerir elevados costes de adaptación y que van a incrementar el absentismo. En definitiva, temor y desconocimiento, dos aliados muy peligrosos que ponen en riesgo la contratación de empleados con discapacidad.

Endógenas. Están en la propia persona con discapacidad. Se traducen en carencias de autoestima y motivación, así como escasa confianza: creen que no tendrán opciones de acceder al mercado laboral por la elevada competencia. A ello habría que añadir, también, la sobreprotección familiar, que muchas veces se convierte en un obstáculo para que la persona alcance autonomía e independencia. Ello explicaría la menor tasa de actividad del colectivo (un 36,2% frente al 60% del conjunto nacional).

Acceso al informe completo.

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