Trabajar (bien) en equipo genera entornos saludables


equipo¿Recuerdas la última vez que conseguiste algo grandioso junto a otras personas? Sí, Sí. Aquella vez que te enfrentaste a un verdadero reto junto a otros compañeros, cada uno dio lo mejor de sí mismo y el resultado fue extraordinario. ¿Recuerdas cómo te sentiste? ¿Cómo se sentían tus compañeros?

Trabajar junto a otras personas puede ser uno de los principales focos de satisfacción en los entornos laborales y curiosamente, también todo lo contrario. En la mayoría de las ocasiones, es una de las causas principales de la degradación del clima laboral, cuando comienzan a surgir los conflictos interpersonales, no se afrontan y poco a poco se va enturbiando el ambiente.

Cuando me encuentro en una acción formativa es curioso observar los estados emocionales de los asistentes cuando les enfrentas a una dinámica-reto y consiguen resolverla conjuntamente. Sus caras se iluminan, sus interacciones son más numerosas y amigables, todo se tiñe de una energía especial. Sin embargo, todo se vuelve confusión al preguntar por qué no se sienten así a menudo en su entorno laboral. Si esa sensación es tan agradable y beneficiosa, ¿Por qué no la provocamos más a menudo?

Después de muchas horas trabajando con centenares de equipos, me atrevería a decir, que para mí, son dos los aspectos claves que hacen que un equipo pueda dar lo mejor de sí mismo y por ende, sea capaz de generar un clima agradable, sostenible y saludable.

Por un lado, considero vital que exista un aprecio mutuo entre todos los miembros del equipo. Este sentimiento podría definirse como el “eres tan importante para mí, que me importa lo que te pueda ocurrir profesionalmente (y en ocasiones, personalmente también)”. De repente, mis palabras y mis actos, comienzan a tomar un cariz especial, porque soy consciente del impacto que pueden generar en otras personas, de cómo les pueden afectar y sobre todo, si les ayudarán o les perjudicaran.

Si pones en valor a tus compañeros (porque son los mejores compañeros que puedes tener en ese momento y con esas circunstancias) y los cuidas, se generará una química especial en la relación. Comenzarás a darles lo mejor de ti y a tratarlos como si fueran tus amigos, pero sin serlo (eso ya lo decidirás tú cuando salgas de la oficina).

Siempre decimos “que para recibir, hay que dar”, sin embargo “para dar, hay que tener” y si lo que tenemos dentro no es bueno, nada de lo que ofrezcamos a los demás tendrá valor. Apreciar y tomar consciencia de lo que ofrecemos a los demás, se convertirán en el motor de arranque de unas relaciones profesionales completas y enriquecedoras que se comportarán como círculos virtuosos, multiplicándose y creciendo en el tiempo.

Sólo cuando este aprecio se encuentra presente, puede generarse con el paso del tiempo y el acúmulo de experiencias positivas, la confianza. Pero me refiero a una confianza verdadera, como la que tienes con tus seres queridos y que nos invita a que no malinterpretemos cada movimiento que realizan o cada palabra que pronuncian.

Cuando entiendes que los demás acuden cada día al trabajo con las mismas intenciones con las que lo haces tú, que prefieren acertar en sus decisiones antes que fallar, que pretenden comportarse de una manera muy profesional, que disfrutan mucho más cuando aciertan que cuando fallan y que también se encuentran deseosos (como tú) de disfrutar de unas buenas relaciones profesionales, en este momento, empiezas a contemplarlos con otros ojos y el ambiente comienza a impregnarse de emociones totalmente distintas.

Uno de los principales síntomas de confianza en otra persona, lo podemos observar cuando “dejas de medir”. Del mismo modo que cuando llegas a casa y ves a tu pareja, no cuentas quien va a tener hoy más muestras de cariño con el otro, el día que dejas de medir quién ayuda más a quién, quién trabaja más, quién comete más errores y como repercuten en los demás, etc. Ese día, comienzas a confiar (de verdad) en la gente que te rodea y el entorno, se vuelve mucho más productivo, saludable y enriquecedor.

La buena noticia de todo esto, es que se encuentra completamente en nuestra mano poder implementarlo a pequeña escala con nuestro equipo o nuestras principales relaciones profesionales. La menos buena es que para que contagie a toda una organización, conlleva mucho tiempo y mucho esfuerzo de re-educación para lograrlo, no obstante… Por algún sitio debemos de comenzar ¿no? ¿Por qué no pones la primera piedra?

Miguel Angel Díaz

Presidente de ASNIE

miguelangeldiaz.net

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