Salvatore Moccia: La conciliación para aumentar la productividad


A principios de este nuevo siglo, uno de los retos más importantes de las sociedades económicamente más avanzadas es la conciliación de la vida laboral con la familiar. De hecho, los enormes cambios socio-demográfico-económicos de los últimos años han comportado la necesidad de reorganizar la estructura de las relaciones trabajo-familia. La integración de la conciliación de la vida laboral y familiar en la cultura empresarial responde no sólo a razones de carácter legal, sino sobre todo a razones de carácter organizativo/empresarial, presentándose como una seria y potente inversión en el capital humano.

En la actualidad, las personas son consideradas la fuente más importante de ventaja competitiva de las empresas y, por tanto, su gestión debe dejar de percibirse no como un coste, sino como una inversión de carácter estratégico.

La clave de la economía moderna es, precisamente, el énfasis teórico y práctico en la fertilidad de los recursos. Y cuando hablamos de personas indudablemente tenemos que considerar un aspecto importantísimo: la conciliación trabajo-familia. Los cambios socio-demográfico-económicos ocurridos en los últimos años han determinado profundas modificaciones en la realidad cotidiana familiar. La realidad es que las mujeres siguen siendo el pilar familiar en las tareas domésticas y a esto se le han añadido otras necesidades: incorporarse al mundo laboral, cuidar de niños dada la ausencia de los abuelos en el núcleo familiar, distancias más largas entre lugar de trabajo y hogar, etc. Es por tanto imprescindible que las empresas pongan en marcha unos programas y unas prácticas de conciliación que permitan a las personas encontrar sentido en lo que hacen, sin ver mermada su productividad por unas preocupaciones que no provienen de la empresa sino de la familia. En consecuencia, es importante, a parte de las obligaciones legales, conciliar la vida laboral con la vida familiar a través de programas específicos que, invirtiendo en las personas que componen la empresa, puedan ayudar, al mismo tiempo, a mejorar la productividad laboral.

Esto implica un cambio de mentalidad a nivel estratégico ya que es preciso que no se vea la conciliación como una mala inversión a la que la empresa está obligada por la ley, sino como una oportunidad única de aumentar la productividad de la empresa a través de un renovado bienestar de las personas. Pero, para que se produzca este cambio tan profundo en la cultura empresarial y, sobre todo, para que esta nueva cultura impregne la empresa a todos los niveles y perdure en el tiempo, de modo que no reduzca a una moda pasajera, es imprescindible que el equipo directivo crea en esta nueva visión y, sobre todo, que apueste por ella y fomente el cambio. En particular, es necesario que el plan de conciliación indique con exactitud los beneficios tanto para las personas como para la empresa, de manera que sea más fácil su aplicación.

Entre los posibles beneficios para las personas, podemos señalar los siguientes:

1) La reducción del estrés y de la ansiedad laboral, y, naturalmente, el aumento del índice de productividad y la reducción del índice de baja y de rotación del personal.

2) El aumento de la motivación, de la lealtad a la empresa y de la ilusión en el trabajo que se desarrolla.

3) La posibilidad de un mayor desarrollo personal y profesional, ya que el trabajador, encontrándose a gusto en la empresa, se preocupará más de formarse como persona (buen compañero de trabajo) y como profesional (que conoce realmente todas las facetas de lo que hace).

4) El aumento de la felicidad y de la estabilidad emocional, con mayor presencia de emociones positivas, frente de la reducción de las emociones negativas.

Entre los posibles beneficios para las empresas, se señalan los siguientes:

1) Mayor compromiso del personal con la empresa.

2) Mejora del clima laboral, con consecuente mejora de las relaciones laborales y sindicales.

3) Reducción de los índices de rotación del personal y reducción de las bajas por enfermedad.

4) Aumento de la productividad, creatividad e innovación.

5) Retención e incorporación del talento.

6) Mejora de las relaciones con los clientes, ya que unos trabajadores satisfechos conllevan unos clientes satisfechos.

7) Mejoría de la imagen y de la credibilidad de la empresa.

Por lo tanto, creemos que la conciliación represente un factor esencial para las organizaciones del siglo XXI y puede conllevar beneficios tanto para las empresas como para los trabajadores. Pero esta no debe dirigirse sólo a la mujer, ya que las dificultades de conciliar la vida laboral con el resto de las facetas de la vida no es una cuestión que afecte sólo a ella.

Es, por tanto, indispensable, que la gestión empresarial actual entienda la conciliación no solamente como una herramientas más para controlar el comportamiento de las personas y para ajustarlas a las necesidades de la organización, sino como la posible generación de un entorno en el que la dirección, a través del establecimiento de un oportuno clima laboral, demuestre un sentido de aprecio y de respeto hacia los trabajadores/as. Las personas pueden y deben contribuir activamente a la eficiencia de la organización. Son fuentes de unos conocimientos tácitos que no podemos adquirir por contrato; son, además, fuentes de ventaja competitiva duradera. Conforme el mundo se vuelve más complejo, el modelo organizativo más apropiado es el modelo humano, ya que la innovación no la hacen las máquinas sino las personas. En definitiva, las empresas, y en particular los departamentos de recursos humanos, deben descubrir la potencialidad de la conciliación como medida para mejorar no solo la productividad laboral, sino incluso el compromiso del trabajador. Cuanto más se avance en este campo, más fácil será contar con ciudadanos satisfechos, participativos e involucrados en el porvenir de la comunidad a la que pertenecen.

Salvatore Moccia
Profesor de Dirección Estratégica en la Universidad CEU Cardenal Herrera
salvatore.moccia@uch.ceu.es

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