Pedro R. Gil-Monte: “Las mujeres se ven más expuestas que los hombres a las diferentes formas de violencia laboral”


Pedro R. Gil-Monte es profesor de Psicología en la Universitat de València, Director de la Unidad de Investigación Psicosocial de la Conducta Organizacional (UNIPSICO) de esa universidad y experto en prevención de riesgos psicosociales en el trabajo. Hablamos con él tras haber concluido el trabajo de investigación “Violencia en el Trabajo y sus Modalidades: análisis del fenómeno en Europa, España y Latinoamérica”, cuyos resultados constatan que el 11% de los profesionales españoles reconoce haber sufrido algún tipo de conducta violenta en el trabajo.

¿Cómo surgió este estudio y cuáles son las principales conclusiones?

El estudio surge como parte de las actividades que realicé durante una estancia académica en la Universidad Internacional de Valencia (VIU) en 2016 para trabajar algunas fases del proyecto de investigación titulado “Validación transocupacional de un modelo sobre el desarrollo del síndrome de burnout y sus consecuencias: desarrollo y evaluación de un programa de intervención”. Este proyecto ha sido subvencionado por el Ministerio de Economía y Competitividad (Ref.: PSI2013-48185-R), y ha sido desarrollado con la participación de varias instituciones públicas entre las que están la Universitat de València y la VIU. Uno de los objetivos del proyecto estaba dirigido a estudiar los riesgos psicosociales en el trabajo, incluyendo la violencia laboral.

Todavía existe un porcentaje bajo de empresas europeas con protocolos de actuación para casos de acoso psicológicoPedro R. Gil-Monte, PhD

Las principales conclusiones del estudio indican que la violencia en el lugar de trabajo es uno de los principales riesgos laborales que deterioran la salud de los trabajadores, dando lugar a problemas de depresión, ansiedad y alteraciones psicosomáticas. En Europa se observa que este problema se ha mantenido estable a lo largo de los últimos veinte años. También hay que resaltar que las mujeres se ven más expuestas que los hombres a las diferentes formas de violencia laboral, en especial para el acoso sexual y acoso por razón de sexo, y para la discriminación laboral. En el caso de la discriminación laboral se observa que en Latinoamérica las personas que tienen rasgos de los pueblos indígenas la sufren con mucha frecuencia.

Cuando se analizan los datos por sectores ocupacionales se observa que los profesionales de la salud son los que sufren las tasas más altas de exposición a acciones violentas en el lugar de trabajo junto con los trabajadores del sector transporte.

En el lado positivo hay que subrayar que España no es de los países de Europa en los que se dan mayores tasas de violencia en el trabajo, aunque los porcentajes tampoco son como para tirar cohetes.

Otra conclusión relevante es el número relativamente bajo de empresas europeas que tienen protocolos de actuación para casos de acoso psicológico. En el caso de España, los porcentajes se encuentran próximos a la media europea aunque por debajo. En general, tampoco hay un gran interés en las empresas europeas por usar los servicios de psicólogos para intervenir en temas de violencia en el trabajo y riesgos psicosociales en general.

Defínanos qué es una conducta violenta en el entorno laboral, sus diferentes manifestaciones y las consecuencias que representa para un trabajador que la sufre.

Como se presenta en el informe, la violencia en el lugar de trabajo se define como una conducta de un individuo o de varios que pretende dañar física o psicológicamente a un trabajador, dentro o fuera de la organización, y que se desarrolla en contextos relacionados con el trabajo. Esta conducta puede empezar con amenazas y agresiones verbales para progresar hacia agresiones físicas, e incluso llegar al homicidio. Algunas formas de violencia en el trabajo son especialmente importantes debido a la gravedad del daño psicológico y moral que ocasionan al trabajador. Es el caso del acoso psicológico (mobbing, bullying o harassment), el acoso sexual y la discriminación laboral por características personales.

La crisis ha podido influir en el incremento del número de conflictos laborales entre patronal y sindicatos, conflictos burocráticos y conflictos interdepartamentales, pero no necesariamente, o de manera significativa, en el incremento de la violencia en el trabajo.Pedro R. Gil-Monte, PhD

Según el tipo de acciones que se utilizan y las consecuencias que tienen se puede distinguir entre violencia física y violencia psicológica. La violencia física se caracteriza por el uso de la fuerza física hacia otra persona con la intención de producirle un daño físico o psicológico. Ejemplos de violencia física son los atracos, agresiones físicas, golpes y palizas, empujones, gritos, mordiscos, etc. Por el contrario, la violencia psicológica no recurre a acciones de fuerza física. Dentro de este tipo de violencia se encuentra el acoso psicológico o mobbing y algunas acciones de acoso sexual y por razón de sexo.

Dentro de las acciones de violencia en el trabajo se identifican las siguientes: homicidio, violación, atraco, lesiones, palizas, patadas, mordiscos, puñetazos, escupir, arañazos, pinchazos, pellizcos, acoso sexual, racismo, coacciones, acoso psicológico, intimidación, amenazas, ostracismo, mensajes ofensivos, actitudes agresivas, gestos de rudeza en el uso del equipo y las herramientas de trabajo, comportamiento hostil, lenguaje soez, gritos, apodos, indirectas, silencio despreciativo, y un largo etcétera.

Las consecuencias pueden ser de índole física o psicológica. Son numerosas y siempre negativas para el individuo agredido y para la organización. Además de las lesiones y traumatismos físicos, es habitual que dependiendo del tipo de agresión y de su duración aparezca: depresión, ansiedad, estrés postraumático, problemas de salud mental, problemas psicosomáticos, y problemas de salud en general. Estos síntomas se suelen acompañar de baja satisfacción laboral, vergüenza, miedo, y agotamiento emocional o desgaste psíquico.

Los lectores interesados en el tema pueden ampliar la información consultando el “Manual de Psicosociología aplicada al trabajo y a la prevención de los riesgos laborales”, publicado en 2014 por la editorial Pirámide y del que soy coordinador. En ese libro podrán encontrar un capítulo sobre la violencia en el trabajo, además de información sobre otros factores y riesgos psicosociales, y estrategias para la prevención.

¿Destacaría algunos sectores en los que es más acuciante el conflicto en el entorno laboral?

Entre los grupos de trabajadores en los que se da con mayor frecuencia la violencia física se encuentran policías, funcionarios de prisiones, personal de seguridad, trabajadores sociales, empleados de hostelería, personal sanitario, conductores de autobuses y taxistas, docentes y vendedores.

El informe preliminar de la “Quinta Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo” (Eurofound, 2012) concluye que los profesionales de la salud son los que sufren las tasas más altas de exposición a acciones violentas en el lugar de trabajo (23%) junto con los trabajadores del transporte (20%), mientras que las tasas más bajas se dan en la agricultura (6%) y en la construcción (9%).

De su informe se deriva que hay un cierto desequilibrio entre hombres y mujeres, siendo el género femenino el que sufre tres veces más acoso sexual en el trabajo que los hombres, ¿cree que se ha avanzado en esta línea? ¿cuál es su interpretación de estos datos?

Sí. Así es. Son numerosos los estudios que concluyen en esa dirección. El desarrollo profesional de las mujeres en el mundo laboral es complicado para ellas, pues no podemos olvidar que este mundo se ha construido durante siglos sobre una cultura en la que prevalecen los valores y modos de comportamiento masculinos. Consecuentemente la mujer de entrada ya juega en desventaja.

Por otra parte, también es cierto que llevamos varios años en los que se ha tomado conciencia de este problema y desde diferentes instancias, ya sean gubernamentales, empresariales, asociaciones o grupos de diferente índole, se vienen lanzando mensajes sobre la necesidad de denunciar y abordar el problema de la violencia de género en el trabajo. Incluso los jueces están concienciados sobre la necesidad de erradicar esta lacra, pero se siguen desestimando muchos casos por falta de pruebas.

¿Considera que hoy en día las empresas disponen de la suficiente formación y medios para abordar los casos de violencia laboral?

En el informe se presenta que en este punto queda mucho por hacer. Según los resultados obtenidos en la encuesta ESENER-2 realizada por la European Agency for Safety and Health at Work (2016) se concluye que a pesar de las políticas y de las iniciativas desarrolladas en la Unión Europea y en los países miembros existe una brecha entre esas políticas y la práctica. En empresas de 20 o más trabajadores sólo el 54,7% de ellas informaron que disponían de procedimientos en el lugar de trabajo para tratar con posibles casos de violencia externa, como agresiones y amenazas de clientes o usuarios, y sólo un 46,7% que tenían un protocolo de actuación para casos de acoso psicológico.

Por otra parte, también se concluye en esa encuesta que salvo en los países nórdicos,  y curiosamente en Rumania, no se recurre con frecuencia a la intervención de psicólogos para abordar las intervenciones en materia de violencia en el trabajo y riesgos psicosociales en el general. España se sitúa en este aspecto justo por encima de la media de la UE.

¿Cuál es su percepción de las políticas de prevención implantadas en España para paliar situaciones de acoso sexual y psicológico? ¿Cree que se deberían de poner en práctica otras acciones, de ser así cuáles destacaría?

Como he manifestado antes, en España se ha avanzado en políticas de prevención, como la necesidad de que las empresas tengan un protocolo de intervención ante la violencia en el trabajo o frente al acoso sexual y por razón de sexo, pero queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, que esos protocolos se apliquen y que las víctimas y los testigos no sufran coacciones ni represalias cuando se denuncia.

¿Considera que la crisis y la situación de incertidumbre ha complicado las relaciones laborales y que ha favorecido el conflicto?

Hay que diferenciar entre conflicto, violencia y agresión. El conflicto es un proceso que se inicia cuando una de las partes percibe que la otra ha frustrado o va a frustrar algo  relevante para ella. La agresión es una conducta dirigida hacia otra persona con la intención de causarle un daño de manera inmediata, siendo consciente el agresor de que va a dañar a la persona agredida, y que ésta intentará evitarlo. Por último, la violencia es un tipo de agresión extrema que busca un daño intenso en la persona agredida, e incluso la muerte. Dicho esto hay que señalar que no todo conflicto deriva en agresión.

Las consecuencias pueden ser de índole física o psicológica. Son numerosas y siempre negativas para el individuo agredido y para la organizaciónPedro R. Gil-Monte, PhD

Pienso que la crisis ha podido influir en el incremento del número de conflictos laborales entre patronal y sindicatos, conflictos burocráticos y conflictos interdepartamentales, pero no necesariamente, o de manera significativa, en el incremento de la violencia en el trabajo. En el caso del acoso sexual puede que salgan más casos a la luz, pues al existir menos ofertas laborales se favorecen las situaciones de acoso más duradero en el tiempo y con mayor daño para la víctima, pero eso no implica que antes no existiesen esas acciones, aunque eran más fácilmente evitables debido a la mayor movilidad laboral favorecida por un mayor número de ofertas de trabajo.

¿Cómo ve la situación de violencia laboral en España con respecto a otros países de Europa y de Latinoamérica?

Si comparamos con los países de Europa depende de cómo se quiera ver el vaso: medio lleno o medio vacío. Según los resultados de algunas encuestas, que se pueden consultar en el informe, España se sitúa en torno a la media de la UE en porcentaje de casos de violencia laboral y en empresas con planes de prevención. Por tanto, podemos justificarnos mirando hacia los países que están peor que nosotros o sonrojarnos si contemplamos a los que nos superan por haber trabajado más y mejor en este problema.

Con respecto a Latinoamérica, en general estamos mejor, pues dada nuestra situación geopolítica empezamos a trabajar antes el tema de la violencia laboral y hemos avanzado rápido para integrarnos en la UE. Pero, no podemos olvidar que no hace mucho en nuestra cultura laboral estaban grabadas frases del estilo de “algo habrá hecho” “ella se lo ha buscado”, ”las leyes son como las mujeres, están para violarlas”, “las mujeres son en parte culpables de la violencia machista por provocar”… Esto nos da una idea del inconsciente colectivo que aún perdura en algunos entornos laborales.

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