Liderazgo Positivo: ¿qué están haciendo realmente los nuevos líderes?


Juan Carlos me dejó mucho más que asombrado. Me conmovió. En la historia que compartió con nosotros en la sesión inicial sobre “Recursos personales para líderes” los modelos de “Liderazgo positivo” de Kim Cameron, el de “Organizaciones Saludables” de Bakker y Demereouti o el “Competencias de los líderes de las empresas del SXXI” de Csikszentmihalyi  (“Mike” para los amigos) quedaron sobrepasados. Sobrepasados por su tremenda humildad. Por su calidad humana. Por dotar de un sentido tan silencioso como poderoso la función del liderazgo. Por ayudar a recuperar, no sólo la motivación de un colaborador suyo, sino su proyecto vital.

Y es que la pasada semana me tenía deparada alguna sorpresa. Mejor, un auténtico regalo de la vida. Iré por partes.

Dibujo sin títuloUn día antes de conocer a Juan Carlos, me reuní con Javier para definir una línea en la que pudiéramos potenciar la motivación y rendimiento de Responsables de Área y de sus equipos mediante la gestión del bienestar psicológico. Javier es Director de RRHH en una multinacional y tiene una larga trayectoria en la que no ha cejado en el empeño de potenciar la felicidad en el trabajo. Y lo ha llevado a cabo en algunos de los sectores industriales aparentemente menos propicios para este tipo de iniciativas. Aparentemente.

Me contó que en una de las empresas en las que trabajó anteriormente implantó, durante los ocho años en los que allí estuvo, diversas iniciativas para mejorar la motivación de las personas desde su área. Pudo poner en marcha proyectos de desarrollo, de retribución variable, de gestión de competencias… con este propósito. Y, cómo no, ofrecieron sus resultados. Pero no era de estos proyectos de los que me quería hablar. Javier aún recordaba, con satisfacción y alegría, el impacto de una iniciativa tan sencilla como “normal” si lo pensamos bien. Y es que cada vez que cualquier trabajador de aquella multinacional sufría una baja, desde el Departamento de RRHH le enviaban una carta personalizada a su domicilio. ¿El contenido de la carta?. “Simplemente” desearle que se recuperase bien y enviarle ánimo. Eso era todo.  No más. No menos.

El caso es que el día en que Javier se estaba despidiendo de sus compañeros para embarcarse en un nuevo proyecto profesional, se acercó a él un operario de planta. “Javier”, le dijo, “no tienes la menor idea de lo que se te va a echar de menos. Para mí has sido el mejor Director de RRHH que hemos tenido en esta empresa”. Javier estaba tan agradecido como sorprendido. “¿Por qué me dices esto?, no sé a qué te refieres”. Y el operario le recordó que, durante el tiempo en que estuvo de baja por una lesión en la rodilla, recibió una carta de ánimo por parte de “Recursos humanos”. De esto habían pasado ya casi cinco años. Javier no lo recordaba con exactitud, ¡habían escrito bastante cartas durante mucho tiempo!. “No importa”, le dijo el operario, “te entiendo, pero quiero que sepas que para mí fue de gran ayuda en aquél momento y que siempre te estaré agradecido a ti y a la empresa por aquél detalle”.  Esta historia dice mucho, además, de este operario…

“Qué poco cuesta –en todos los sentidos- lograr el compromiso, la motivación e incluso el agradecimiento de las personas que trabajamos en las Organizaciones”, me decía Javier, “si somos capaces de tratar a las personas como tales. Y transmitirles, de verdad, que importan”.

Salí con una sensación más que agradable de la reunión. Y con mi optimismo y esperanza en crear una empresa más humana – e igualmente productiva- renovados.

Al día siguiente, comencé un proyecto dirigido a tres Responsables de Área de una empresa de servicios para mejorar sus recursos personales y potenciar su bienestar como estrategia para la mejora del compromiso, desempeño y productividad. Uno de ellos es Juan Carlos, Con mis modelos de Cameron, Bakker, “Mike” y demás investigadores bajo el brazo, me presenté en la empresa. Pero la sesión inicial decidió que tenía su propio objetivo. Porque al presentarles el proyecto me explicaron con toda confianza la problemática con la que se encuentran en su trabajo –conflictividad, desmotivación, acomodamiento de buena parte de la plantilla…- y sus dudas acerca de la eficacia de las teorías en estos casos. Así, que cambiamos entre los cuatro el guión de la sesión. Les formulé algunas preguntas “poderosas” y entre los tres convinieron que su objetivo era mejorar el rendimiento de la plantilla y que, al mismo tiempo, los trabajadores estuviesen “a gusto”, literalmente. Y todo eso, añadieron, con la finalidad de conseguir estar ellos también más a gusto. “Bueno”, pensé, “al final su objetivo no difiere tanto del que les quería proponer”. Y, acto seguido, les sugerí que me dijeran ellos mismos qué tipo de entrenamiento querían. “Mejorar la confianza en nosotros mismos”, sugirió Alfredo, el máximo responsable. “A veces, nosotros caemos también en la desmotivación ante tantos conflictos”. Juan Carlos y el otro responsable, Diego, estuvieron de acuerdo.

Con mi guión de liderazgo positivo de Cameron en la cabeza, les pedí que identificasen y escribieran un logro profesional, las acciones que pusieron en juego para conseguirlo y las cualidades que utilizaron para alcanzar el logro en cuestión. Alfredo se puso manos a la obra y, en pocos minutos, tenía su hoja de registro completa. Diego miraba al techo y a mí, alternativamente, y me decía, “debo tener logros pero no consigo identificar alguno concreto en este momento”. Le tranquilicé. Es algo que ocurre con bastante frecuencia al realizar esta actividad. Y Diego siguió mirando al techo en busca de su logro.

Entretanto, Juan Carlos –de naturaleza más tímida- parecía sentirse algo incómodo. Sus rodillas se movían de modo nervioso y me miraba, aparentemente bloqueado, ante mi petición de identificar un logro profesional. Así que me acerqué a él y le recordé las situaciones que me habían contado al inicio de la sesión: trabajadores conflictivos, desmotivados… “¿no hay ninguna de las treinta personas que tienes a tu cargo a la que hayas conseguido recuperar?”. Y en ese momento cayó en la cuenta, de golpe. “Recuperé a García”.

“Muy, bien, ¿y qué hiciste para recuperarle?”, le pregunté. Y, aunque con cierta dificultad, Juan Carlos me fue explicando que dialogó con él de modo constante y que había visitado  a García con regularidad durante el tiempo en el que estuvo ingresado en un centro de rehabilitación.  En ese momento estaba claro que el logro de Juan Carlos iba por otros derroteros. Pero seguimos adelante. Le ayudé a identificar una fortaleza que dio lugar al logro y conseguimos encontrar, finalmente, la “perseverancia”.

Y entonces compartimos las tres historias. Bueno, las dos. Diego no había hallado –aún- su logro (aunque lo acabó encontrando al final de la sesión). Comenzó Juan Carlos. Mientras iba contando su historia –de liderazgo auténtico- sus compañeros estaban realmente sorprendidos. “¿García?”, preguntó Alfredo. “No tenía ni idea de esto, ¿cuándo sucedió?”. Diego sí que conocía parte de la historia pero no con ese nivel de detalle. Juan Carlos es tímido pero, sobre todo, tiene extraordinariamente desarrollada la humildad. Sus hechos son los que parecen hablar por él. Porque, en su momento, García tuvo serios problemas con el alcohol. Y esta situación provocó fallos en el servicio, conflictos con sus compañeros… “¿Cómo no fue despedido en su momento?”, me preguntaba yo. Pero ahí es donde entró Juan Carlos. Incluso, nos dijo, parece que la relación con su pareja pasó por momentos muy delicados y estuvieron al borde de la ruptura. Alfredo y Diego no salían de su asombro –ni yo-. “¿Cómo es posible?”, le preguntaba Alfredo, “si desde que conozco a García es una de las personas más comprometidas y de confianza de la plantilla. ¡Si es él al que le hemos dado la llave del almacén por si hay alguna situación de urgencia!”. Juan Carlos nos miraba en silencio y algo incómodo. Parecía pensar, “tampoco es para tanto”.

Lo mejor es que Juan Carlos, aunque identificó el logro, no se lo atribuía a él. Ni aunque yo le expresara que me parecía una historia llena de valores y que me admiraba profundamente. “El mérito fue de García”, me respondió.

Conduje hacia Valencia pensando qué hubiera sido lo normal en cualquier empresa. En cualquiera. A García probablemente le habrían despedido. Con motivos objetivos. Y en alguna otra empresa, además, de no muy buenas maneras. Aunque fuese un despido legítimo, ¿habría eso mejorado el alcoholismo de García?, ¿habría mejorado la relación con su pareja?.  Por no hablar de su propia motivación. No quiero pensar en las posibles consecuencias negativas de esa situación. Y, sin embargo, García era desde hace años un colaborador eficiente y de confianza. Además, él y su pareja consiguieron enderezar la relación. Juan Carlos consiguió –a su manera- no sólo motivar sino ayudar a su colaborador a recuperar su proyecto de vida. Pero él no había hecho nada. Fue García…

Esta vez no contextualizaré estas historias de liderazgo positivo en ningún marco o modelo teórico. Quedaría rebasado por la potencia de esas pequeñas acciones que pueden valer un mundo.

Ayer, charlando con mis hijos por la tarde, les conté las historias de Javier y de Juan Carlos. “¿Os han gustado?, decidme la verdad, chicos”. Lucía va a cumplir diecisiete años y Luis tiene catorce. “Sí, papá, de verdad”, Les pregunté qué era lo que más les había llamado la atención. Y los dos, casi al unísono, respondieron, “la humildad de Juan Carlos”. Y a continuación Lucía añadió, “y la posibilidad de que las personas cambien; hay esperanza”.

… Seguimos

Julián Pelacho

Director de Conmac Acción Positiva

 

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