Gonzalo Hervás: “Ser resiliente es tener la capacidad de enfrentarte a los problemas”


Gonzalo Hervás es presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Doctor en psicología y premio Extraordinario de Doctorado, es coeditor en Journal of Happiness Studies, la revista científica más relevante en el estudio de la felicidad. Ha sido investigador invitado por Martin Seligman en el Positive Psychology Center de la Universidad de Pennsylvania y ha publicado en revistas internacionales de prestigio y coeditado libros como “Psicología Positiva Aplicada” y “La ciencia del bienestar”.

Recientemente ha participado en el Congreso Internacional de Felicidad en el Trabajo (FET2017) celebrado en La Coruña (Galicia). Cuéntenos cuáles fueron las principales líneas de su ponencia “¿Qué sabemos de la felicidad humana?”

El objetivo era trasladar de una forma amena y útil un resumen de los hallazgos más importantes de la investigación acerca de la felicidad humana, que constituye uno de los retos científicos más importantes del siglo XXI.

¿Qué influencia tiene la felicidad en el trabajo?

La satisfacción con el trabajo es un elemento clave para la felicidad. Potencialmente nos puede aportar ingredientes enormemente valiosos: relaciones humanas, sentimiento de competencia, sentido vital, retos…etc. Pero no hay que olvidar que también funciona a la inversa, la felicidad personal influye en el desempeño laboral; de ahí que potenciar los recursos de las personas para preservar y aumentar su bienestar emocional sea una tendencia creciente en los departamentos de recursos humanos.

¿Cree que sabemos ser felices?

El ser humano está especialmente diseñado para sobrevivir no para ser feliz. Y esto impone ciertas limitaciones. Lo cierto es que cada vez tenemos más información a nuestro alcance, pero eso no significa que la usemos a diario o la implementemos. Todos queremos recetas fáciles pero para ser feliz no existen atajos. Es fruto de un compromiso personal con la vida que implica paciencia y dedicación. De alguna forma, la felicidad es como un plato de alta cocina, son necesarios ingredientes de alta calidad, y sabiduría para mezclarlos en su justa medida. Siguiendo la metáfora, los ingredientes serían nuestras actitudes y habilidades, las personas que nos rodean, las actividades que llenan nuestro tiempo y nuestros proyectos de futuro. Y los “sabios” son los que consiguen que todo ello funcione de forma armónica y equilibrada incluso a pesar de los vaivenes inevitables de la vida.

¿El optimismo se adquiere o lo construye uno mismo?

El optimismo tiene muchas fuentes. Puede ser de origen temperamental, unido normalmente a un rasgo de vitalidad. También puede emerger tras la superación de ciertas experiencias límite, tras las cuales algunas personas experimentan un gran crecimiento y madurez emocional. Y por último puede ser potenciado con trabajo personal y dedicación tras tomar conciencia de que practicar un optimismo moderado, inteligente, es sencillamente la actitud que ofrece los mejores resultados. Wiston Churchill decía: “Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”. Tras varias decenas de estudios, podemos decir que no se equivocaba.

¿Qué repercusión tienen las emociones en la toma de decisiones?

Las emociones tienen una enorme influencia sobre nuestra forma de ver las cosas. Hay que evitar tratar de resolver problemas en un estado de angustia, o por la misma razón, en un estado de euforia. Pero evidentemente la solución no está en reprimir nuestros sentimientos, ni tampoco en dejar que estos nos paralicen o nos hagan procrastinar. Los estados emocionales contienen información que debemos escuchar y que a veces es muy útil. La máxima de “Primero sentir, luego pensar, y siempre actuar”, en mi opinión resume lo que la investigación ha encontrado sobre la mejor estrategia para gestionar eficazmente un problema.

¿Qué es la resiliencia y para qué sirve?

La resiliencia es un conjunto de capacidades psicológicas que nos permiten afrontar con éxito una adversidad importante. Ser resiliente no significa que no nos afecten los problemas, sino mostrar capacidad para enfrentarlos. Esto implica habilidad emocional para digerir la experiencia, luchar por lo que está en nuestra mano, aceptar lo que no se puede cambiar, y en la última etapa, aprender de todo ello. La base de la resiliencia está en la valentía, en coger el toro por los cuernos, sin un miedo excesivo al dolor, para a partir de ahí intentar dar lo mejor de nosotros mismos. La adversidad a veces nos lleva a veces al límite. Por eso nos hace crecer más que cualquier curso, o cualquier libro.

¿Las personas tenemos capacidad y habilidad para afrontar situaciones complicadas?

Más de la que pensamos, tendemos a minusvalorar nuestra capacidad. Lo que Daniel Gilbert llama el sistema inmunitario psicológico se activa sólo ante una situación de adversidad grave, pero no antes.

¿Nos reponemos fácilmente de las circunstancias adversas?

La reacción dependerá mucho de la persona, sus características así como de la situación concreta de adversidad de la que estemos hablando. Hay personas que se reponen relativamente rápido de los fracasos laborales, pero en cambio sufren más al perder a un ser querido o ante una situación de incertidumbre. Eso sí, todos estaremos mejor preparados si asumimos que la vida tiene momentos amargos, y que ser infeliz en algunas fases de nuestra vida es completamente normal e incluso puede ser valioso.

¿Una época de infelicidad puede ser algo valioso?

En efecto, en primer lugar porque puede ser algo que hasta cierto punto hemos elegido en pos de un valor aún más importante. Cuidar de un familiar enfermo o afrontar y resolver una situación de injusticia puede traernos infelicidad pero lo hacemos para proteger valores que consideramos fundamentales. En segundo lugar, porque como decíamos antes, una época difícil puede ayudarnos a desarrollar habilidades nuevas, a convertirnos en personas más sabias, a valorar muchas pequeñas cosas. En ese sentido, la infelicidad también puede aportar valor a nuestra vida.

¿Cómo puede ayudar la psicología positiva a los entornos laborales, al ámbito empresarial?

La psicología positiva tiene el mérito de haber puesto en primer plano los aspectos positivos del ser humano, y eso supone un gran avance a nivel práctico. Por una parte, ayuda a poner nombre y a comprender mejor aspectos novedosos como el engagement, el sentido vital, las fortalezas personales, emociones positivas como la elevación… etc. Todos ellos aspectos que hasta hace poco eran invisibles. También permite evaluar científicamente el impacto de determinadas estrategias de cambio. Por ejemplo, varios estudios han confirmado que realizar programas que permitan elevar las emociones positivas de los empleados aumenta la autoeficacia, lo cual a su vez impulsa la productividad.

¿Considera por tanto que existe una vinculación entre bienestar y productividad?

Totalmente, y hay mucha evidencia científica que lo demuestra. Entre otros muchos, los trabajos de Andrew Oswall, profesor de la Universidad de Warwick, que han mostrado que aumentando el bienestar de los empleados de una fábrica de ensamblaje, se incrementaba su productividad. Y no sólo afecta a la productividad, también mejora el absentismo y la rotación. Pero no hay que llevarse a engaño, incrementar el bienestar no es algo sencillo: La felicidad depende tanto de factores personales como de lo que aporta la organización –confianza, liderazgo eficaz, misión compartida, recursos…etc. Y hay que actuar en ambos frentes conjugando dos elementos: autenticidad y técnica. Si la dirección no tiene credibilidad, las políticas de incremento del bienestar no alcanzarán su máxima eficacia. Si no hay un conocimiento profundo sobre el bienestar y sus bases, sucederá algo parecido.

De las investigaciones que ha realizado, ¿cuáles son las principales conclusiones o resultados obtenidos en materia de psicología positiva y felicidad?

Uno de los aspectos que hemos descubierto es el papel clave para el bienestar de la orientación al disfrute, que es la capacidad para disfrutar de pequeñas cosas en la vida cotidiana. Son las cosas que están ahí siempre pero ante las que solemos pasar de largo: la comida, la naturaleza, las sonrisas, la sensación de descanso, la belleza… Es una de las claves que explican por qué los extravertidos son más felices. Pero cualquier persona puede entrenar su atención y generar hábitos para estar más orientado al disfrute. En segundo lugar, hemos visto que las intervenciones para aumentar la felicidad de las personas son eficaces pero actuando en dos líneas. Una primera centrada en el bienestar cotidiano, en la capacidad para disfrutar que acabo de mencionar; y una segunda, centrada en la felicidad de fondo, en lo que llamamos elementos eudaimónicos, que implica reconocer y aumentar la satisfacción con nuestra vida presente y futura: encontrar retos, dar sentido a lo que hacemos, sentirnos unidos a otras personas, sentirnos bien con nosotros mismos…etc. La felicidad no es sólo cuestión de actitud. De hecho, la actitud es lo más difícil de cambiar.

¿Considera que la sociedad actual adolece de un exceso de ansiedad?

El estrés en el trabajo es un problema desde hace años, tanto por sobrecarga, como por la inestabilidad. Las personas que viven sin red de seguridad están muy expuestas a desarrollar problemas de ansiedad. Son problemas para los que es necesario reflexionar y dar respuestas desde las más altas instituciones. Además, vivimos en una sociedad muy cambiante, que aún está saliendo de una crisis económica muy profunda. Esto ha marcado el estado de ánimo de esta década y está por ver si marcará la siguiente. Hay un desencanto social evidente y amenazas importantes como el cambio climático o el paro estructural. Desde mi punto de vista, el reto es si seremos capaces como sociedad de afrontar y resolver los importantes problemas que tenemos desde la ilusión, la colaboración y la confianza, dejando atrás el pesimismo o el catastrofismo.

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