El tecnoestrés en el entorno laboral


La revolución tecnológica en la última década ha modificado los modelos de gestión empresarial, búsqueda y creación de empleo. Nos encontramos en una sociedad donde las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) han pasado a formar parte de nuestra vida, solo hay que mirar a nuestro alrededor, estamos rodeados de ordenadores, smartphones, tablets, … La incorporación de las tecnologías al entorno laboral ha traído muchos beneficios, como por ejemplo, acceder a mayor información en menor tiempo, las tareas más complejas que podían llevar un desgaste físico se han podido automatizar incrementando la productividad y poder teletrabajar facilitando así la conciliación vida laboral-personal. Pero a pesar de los beneficios técnicos y sociales, los cambios tecnológicos pueden provocar problemas humanos y sociales, sino tenemos las competencias adecuadas para hacerles frente o nos excedemos en su uso, pudiendo sufrir tecnoestrés.

El tecnoestrés es un estado psicológico negativo relacionado con el uso de las tecnologías o con la amenaza de su uso en un futuro. Desde el equipo de Investigación WoNT Prevención Psicosocial se ha diferenciado el tecnoestrés en dos tipos de experiencias: tecnostrain y tecnoadicción (Salanova et al., 2007).

En primer lugar, la experiencia de tecnostrain está relacionada con sentimientos de ansiedad, fatiga mental, escepticismo y creencias de ineficacia en el uso de las TICs. En este sentido, los usuarios que experimentan tecnostrain presentan altos niveles de activación fisiológica no placentera que se materializa en ansiedad, tensión y malestar por el uso actual o futuro de la TIC. El usuario puede presentar ansiedad por la sensación de no tener el suficiente tiempo para dar respuesta a la cantidad de datos digitales que recibe en su día a día, por ejemplo, la inmediatez de responder los correos entrantes o mensajes móviles en un tiempo breve. También, podemos sufrir el síndrome de fatiga informativa por no tener la capacidad de estructurar la gran cantidad de información digital obtenida cuando navegamos por la red.

Por otro lado, el usuario puede tener una actitud negativa hacia el uso de las TICs porque puede pensar que son un estorbo debido a los errores ocasionados por el sistema informático o entorpecen su proceso de trabajo. Estos usuarios no ven los beneficios que aportan las TICs porque en ocasiones no se sienten capaces de utilizarlas. La investigación ha demostrado que las creencias de eficacia constituyen un amortiguador de los efectos de la exposición de la tecnología y las consecuencias psicosociales que se puedan producir de su uso, como por ejemplo el tecnostrain y el burnout (o síndrome de estar quemado). En un estudio longitudinal realizado con profesores de secundaria se encontró que los profesores que percibían tecnostrain en una primer momento, a lo largo del tiempo se percibieron menos eficaces y ello les condujo a experimentar burnout (Salanova, Llorens, y Ventura, 2007). En este sentido, es conveniente ofrecer formación específica a los usuarios sobre los nuevos software y hardware que introduzca la organización para evitar sentimientos de ineficacia hacia las tecnologías y reducir la experiencia de tecnostrain.

En segundo lugar, la experiencia de tecnoadicción se debe al uso excesivo y una incontrolable compulsión a utilizar tecnologías en todo momento y en todo lugar, y durante largos periodos de tiempo. La Organización Mundial de la Salud indica que 1 de 4 personas sufre adicción a las tecnologías. Se trata de usuarios que utilizan la tecnología de una manera intensa y sienten el impulso interno que les obliga a utilizar las tecnologías  y estar a la ultima en cuanto avances tecnológicos se refiere. Para ellos, la tecnología se convierte en el eje en el cual se estructuran sus vidas, siendo las personas dependientes  e inseparables de las tecnologías. Como cualquier adicción, el tecnoadicto necesita aumentar progresivamente su uso para obtener un nivel adecuado de satisfacción (esto es, tolerancia) y además se sienten mal cuando no las pueden utilizar, es decir, padecen el síndrome de abstinencia. En esta línea, las investigaciones desarrolladas han encontrado que el abuso de las tecnologías puede provocar daños sobre las personas, provocando fatiga mental y bajos niveles de disfrute ya que muchos de ellos indican que las utilizan porque no les queda otro remedio.

Por otro lado, el tecnoestrés puede producir un deterioro funcional de las actividades diarias que inciden en la salud (por ejemplo, descuidar hábitos de vida saludable) y que inciden en la vida social (por ejemplo, aislarse de la familia y de los amigos). También puede incidir sobre la sintomatología  física, provocando dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, insomnio, entre otras.

Esta claro que debemos aprender a convivir con las tecnologías, pero para ello es importante saber utilizarlas en el momento oportuno, como herramienta de trabajo que son, para que no afecten a nuestro bienestar psicosocial. Para una buena convivencia es necesario que las organizaciones diseñen medidas de prevención en la incorporación de nuevas tecnologías y evalúen la existencia de situaciones de riesgo de sufrir tecnoestrés. Si detectan que pueden existir grupos de trabajadores vulnerables a sufrir tecnoestrés, se debería aplicar técnicas de intervención dirigidas a minimizar o eliminar el riesgo existente para que el problema no se agrave. Podemos utilizar técnicas centradas en el usuario, como el tutoring y/o coaching ofreciendo apoyo en el uso de las tecnologías e incluso aplicar técnicas de tercera generación como puede ser el mindfulness, basadas en la psicología positiva y en la tradición oriental. Con el mindfuness se consigue que el usuario preste atención plena al momento presente, se desconecte de las tecnologías, disfrute de la experiencia de calma interior y sea consciente de su pensamiento y emociones.

Finalmente, indicar que aunque no existe una varita mágica ni la píldora anti-tecnoestrés, se debe dotar a las organizaciones de herramientas que les permitan identificar y prevenir el tecnoestrés con la finalidad de desarrollar empleados saludables a nivel laboral y personal (ver gruía de intervención de tecnoestrés).

Referencias:

Llorens, S., Salanova, M., y Ventura, M. (2007). Efectos del tecnoestrés en las creencias de eficacia y el burnout docente: un estudio longitudinal. Revista de Orientación Educacional, 2, 57-65.

Llorens, S., Salanova, M., y Ventura, M. (2011). Guía de intervención de tecnoestrés. Madrid: Editorial Síntesis.

Salanova, M., Llorens, S., Cifre, E., y Nogareda, C. (2007). Nota técnica de prevención.

Imagen: Flickr

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